Es necesario que nos dejemos domesticar al pasar de la esclavitud de Egipto; es decir, en toda situación en que nos hallemos hemos de ver la profundidad, la significación y la presencia de la voluntad divina. Nuestro paso de la esclavitud a la libertad no ha de consistir en la huida o en la rebelión, sino que tiene que ser un movimiento guiado por Dios, que comienza con el Reino de los Cielos que ya está dentro de nosotros y que se convierte en la instauración del mismo aquí, en la tierra. Este período de nuestro Éxodo personal queda marcado por la vacilación y la lucha interior: "No nos dejes caer en la tentación, Señor. Ampáranos en la lucha y socórrenos en el conflicto que ya ha empezado". Llegados a este punto, podemos comenzar el movimiento. Vayamos al Éxodo; tengamos presente la conciencia que tenían los judíos de que no eran esclavos solamente, sino también de que el Pueblo de Dios había llegado a la esclavitud debido a su flaqueza moral. Tuvieron que arriesgarse porque ningún esclavo será puesto en libertad por su amo, y tuvieron que cruzar el Mar Rojo también. Pero allende el Mar Rojo no se desplegaba a sus ojos la Tierra de Promisión sino el desierto ardiente. Esto lo sabían los judíos, y se dieron cuenta también que tendrían que atravesarlo y correr grandes peligros. Nos ocurre lo propio cuando tomamos la decisión de ponernos en marcha para escaparnos de la esclavitud. Hemos de darnos cuenta de que nos acometerán la violencia y nuestros enemigos de dentro; es decir, nuestros hábitos y nuestro deseo de seguridad. No se nos promete nada excepto la aridez del desierto. Pero más allá del desierto se sitúa la Tierra de Promisión y es preciso que nos enfrentemos con los peligros del camino.
Así es Betania, hogar, hospitalidad, compartir corazón. Las amapolas huelen a Betania, sencillez, transparencia, inocencia, limpieza de corazón. Entra hermana, hermano, aquí puedes encontrar otra Betania, hogar donde Jesús descansa, aquí también puedes encontrar tú las palabras del maestro y las de una amiga, Betania. Para los que buscamos vivir con profundidad, el Dios de los Encuentros nos sale al paso. En este blog podemos encontrar esas palabras nacidas en momentos de lectura silenciosa.
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