Este estado lo he vivido en parte yo misma, tras un acontecimiento que superó mis fuerzas, absorbió la energía espiritual de mi vida y me dejó incapaz de toda actividad.
El descanso en Dios, el reducir la actividad por falta de fuerza vital, es algo completamente nuevo y particular. En lugar del sentimiento de muerte se presenta ahora un sentimiento de seguridad, de liberación de toda preocupación y de toda responsabilidad y empeño en hacer. Cuando nos abandonamos a este sentimiento, comenzamos a llenarnos poco a poco de una nueva vida, y nos sentimos empujados, pero sin ningún esfuerzo de la voluntad, a una nueva actividad.
Este flujo viviente aparece como la afluencia de una actividad y de una fuerza que no es mía y que se hace activa en mí sin ninguna petición personal". (Stein. Edith. Psicologia y ciencia del espíritu. Contribución para una fundamentación filosófica, Roma 1996)
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